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El restaurante vasco escondido en la Ruta 2, parada obligada hacia la costa

Cerró durante la pandemia y reabrió en 2023, manteniendo intacta su identidad y su carta histórica.

Sobre el kilómetro 274 de la Ruta 2, en un punto donde miles de autos pasan rumbo a la Costa Atlántica, se esconde uno de esos restaurantes que forman parte del ADN viajero de la provincia de Buenos Aires. Se trata de Ama Gozua, un restaurante vasco que combina historia, platos abundantes y una mística difícil de encontrar hoy en día.

Inaugurado en 1968, el lugar se convirtió durante décadas en una parada obligada para camioneros, familias y figuras del espectáculo que se animaban a esperar mesa por un solo motivo: comer como en los bodegones de antes. El plato estrella siempre fue el mismo y nunca falló.

Tras cerrar en 2020 por la pandemia, Ama Gozua volvió a abrir sus puertas en enero de 2023, luego de que un cliente habitual decidiera comprar el restaurante, ponerlo en valor y respetar su esencia original, tanto en la estética como en la cocina.

Un bodegón vasco que nació al costado de la ruta

Ama Gozua fue fundado por Guillermo Ercoreca, un inmigrante vasco que llegó a la Argentina a comienzos del siglo XX. Antes de abrir el restaurante, Ercoreca se dedicaba a elaborar morcillas y chorizos caseros, que vendía directamente a los camioneros que transitaban la Ruta 2.

El restaurante vasco escondido en la Ruta 2, parada obligada hacia la costa

En 1968 dio un paso más y levantó el edificio que hoy sigue en pie, con una fachada que recuerda a un almacén de ramos generales, simple, austera y funcional. Esa estética se mantiene intacta hasta hoy y es parte central del encanto del lugar.

Con el correr de los años, el restaurante se volvió famoso de boca en boca. No solo pasaron viajeros anónimos: figuras como Susana Giménez, Moria Casán y hasta el actor Viggo Mortensen se sentaron alguna vez a esperar su plato, sin privilegios ni atajos.

El plato que nunca falla

El fuerte de Ama Gozua es la cocina de bodegón, sin vueltas ni reinterpretaciones. La carta se mantuvo prácticamente igual a la original y eso es parte de su identidad. Acá no hay menú gourmet ni porciones medidas: se viene a comer abundante.

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El clásico absoluto es el chorizo o la morcilla a caballo, servidos con papas fritas y dos huevos fritos, un plato simple y contundente que explica por qué tanta gente sigue desviándose de la ruta para sentarse a la mesa.

Otros platos muy pedidos son la milanesa, el matambrito de cerdo y distintas carnes a la parrilla, siempre con guarniciones tradicionales. Todo pensado para viajeros que necesitan reponer energías antes de seguir camino.

El mozo de siempre y el espíritu intacto

Si hay algo que refuerza la sensación de estar en un lugar detenido en el tiempo es la presencia de Juan Ercoreca, bisnieto del fundador y mozo histórico del restaurante. Su figura es clave en el salón: conoce a los clientes habituales, recuerda nombres y gustos, y transmite una confianza difícil de encontrar.

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Ese vínculo humano es parte esencial de Ama Gozua. No se trata solo de comer bien, sino de sentirse parte de una historia que sigue viva, incluso después de haber atravesado un cierre forzado y una reapertura compleja.

Ama Gozua es uno de esos restaurantes que justifican frenar el auto y salirse de la lógica del viaje apurado. Su historia, su cocina sin concesiones y su espíritu familiar lo convierten en una de las paradas más auténticas de la Ruta 2.

Abre todos los días, de 9 a 17, y sigue recibiendo a viajeros que buscan algo más que un almuerzo rápido: buscan tradición, porciones generosas y una experiencia que no cambió con el paso del tiempo.

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