BOLIVIA

El plan de Evo Morales para sembrar el caos tras las elecciones

Con la prohibición de su candidatura y la pérdida de la personería jurídica del Movimiento al Socialismo (MAS), Evo Morales ha trazado un plan para mantener su influencia en Bolivia.

El panorama político de Bolivia se encuentra en un punto de quiebre. El expresidente Evo Morales, inhabilitado para participar en las próximas elecciones y con su partido, el MAS, sin personería jurídica, ha ideado una estrategia para mantener su control. Lejos de apoyar al candidato oficialista, el líder cocalero apuesta al caos y a la desestabilización para el día después de los comicios.

La tensión entre Morales y el presidente Luis Arce ha marcado la política boliviana. A pesar de haberlo apoyado para llegar al poder en 2020, Morales ha entorpecido la gestión de su exministro de Economía con marchas, paros y una Asamblea Legislativa paralizada, lo que ha contribuido a una administración ineficiente con escasez de dólares, combustibles y alimentos.

En este contexto, la candidatura oficialista del ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, carece de apoyo, con apenas un 3% de intención de voto. Por su parte, la oposición se encuentra fragmentada, sin un frente unido que pueda derrotar al oficialismo. Morales, que no quiere que la victoria sea para Andrónico Rodríguez, presidente del Senado y su principal rival interno, ve en la candidatura del eterno opositor Jorge "Tuto" Quiroga la oportunidad de un triunfo que le permitiría confrontar de forma más sencilla al próximo gobierno.

El caos como estrategia de poder

Lejos de apoyar a un candidato del MAS, Morales tiene un plan claro: promover los votos nulos y el ausentismo en las urnas del 17 de agosto. Esta estrategia, sumada a las amenazas de sus seguidores de "votos o muertes" en la noche electoral, busca incendiar la situación para volver a asaltar el poder.

La situación política se complica aún más con las polémicas que rodean a la gestión de Arce. Sus hijos, Rafael y Marcelo Arce, están envueltos en escándalos de corrupción que van desde créditos oficiales millonarios para la compra de tierras hasta el redireccionamiento de contratos de litio. Además, el gobierno de Arce ha sido acusado de perseguir a opositores como el exgobernador Luis Fernando Camacho, detenido irregularmente en 2022.

A pesar de que el candidato oficialista, Del Castillo, inició una supuesta embestida judicial con denuncias por estupro y tráfico de menores contra Morales, el gobierno de Arce no se animó a detener a su principal rival interno. Algunos rumores, incluso, sugieren una posible sociedad en negocios de producción y exportación entre ambos, lo que sumaría más complejidad a la ya tensa situación.

Con las ambiciones personales, los negocios y la intervención de terceros como los verdaderos motores de la política boliviana, el país parece estar lejos de la tranquilidad y la paz social.

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