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Escapadas: 5 pueblitos rurales de Buenos Aires para visitar en un día

Paisajes de campo, historia y buena gastronomía a pocos kilómetros de CABA.

Salir a recorrer pueblos rurales en la provincia de Buenos Aires es una costumbre que muchos eligen cuando buscan desconectarse sin hacer un viaje largo. Estos destinos combinan tranquilidad, paisajes abiertos y una oferta cultural que sorprende.

Lo interesante es que no hace falta planear demasiado: en poco más de una hora en auto desde la Ciudad se pueden encontrar propuestas que mezclan tradición, campo y buena comida. Son escapadas breves, pero con la sensación de haber viajado mucho más lejos.

A continuación, cinco pueblos rurales de Buenos Aires para disfrutar en una visita de un día, cada uno con su sello particular y su encanto bien guardado.

Carlos Keen: campo y ferias

Carlos Keen se encuentra en el partido de Luján, a menos de 90 kilómetros de la Ciudad. Es conocido por sus construcciones antiguas de ladrillo, el viejo ferrocarril y la presencia de productores locales que mantienen vivas las tradiciones.

Los fines de semana, el pueblo cobra vida con ferias de artesanos y mercados de productos regionales. Hay restaurantes que funcionan en antiguas casonas y que ofrecen desde asados hasta pastas caseras, siempre con un ambiente de campo.

Además, la estación de tren recuperada funciona como centro cultural y espacio de encuentro. Es un lugar ideal para ir en familia, pasear por las calles y disfrutar de una comida tranquila sin apuro.

Uribelarrea: tradición y gastronomía

Ubicado en el partido de Cañuelas, a unos 80 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, Uribelarrea es uno de los pueblos más elegidos para una escapada. Sus calles de tierra, la iglesia construida en 1890 y las pulperías le dan un aire detenido en el tiempo.

Uno de los atractivos principales es la gastronomía: hay parrillas, restaurantes de campo y hasta cervecerías artesanales que aprovechan los fines de semana para recibir visitantes. Cada octubre se realiza la Fiesta de la Picada y la Cerveza Artesanal, un evento que convoca a miles de personas.

Uribelarrea también fue escenario de películas argentinas, lo que refuerza su identidad pintoresca. Caminar por sus calles es una forma de trasladarse a otra época, con el ritmo pausado de un pueblo bonaerense clásico.

Tomás Jofré: la capital del asado

Si se habla de carne y parrillas, Tomás Jofré tiene un lugar asegurado en cualquier recorrido por pueblos rurales bonaerenses. Ubicado en el partido de Mercedes, a unos 100 kilómetros de la Ciudad, este destino se hizo famoso justamente por sus restaurantes de asado libre.

Los visitantes suelen llegar temprano para caminar por la feria de productores y después sentarse a almorzar. La mayoría de las parrillas ofrece menú fijo con carnes a las brasas, pastas caseras y postres tradicionales.

La experiencia en Tomás Jofré es simple y clara: disfrutar del campo y de la buena comida en abundancia. Es un plan perfecto para quienes buscan un paseo de un día con mucho sabor local.

San Antonio de Areco: historia y tradición gaucha

Conocida como la "cuna de la tradición", San Antonio de Areco es uno de los pueblos más representativos de la cultura gauchesca argentina. Se encuentra a unos 120 kilómetros de la Ciudad y combina arquitectura colonial con actividades culturales ligadas al campo.

El Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes, las pulperías históricas y el puente viejo sobre el río Areco son paradas obligadas. Además, el pueblo es sede de la Fiesta de la Tradición en noviembre, que convoca a jinetes y tropillas de todo el país.

Más allá de la fecha festiva, recorrer San Antonio de Areco cualquier fin de semana permite conectarse con las raíces criollas, ver artesanos trabajando el cuero o la plata, y disfrutar de comidas típicas en viejas fondas.

Villa Lía: tranquilidad y campo abierto

A pocos kilómetros de San Antonio de Areco, Villa Lía es un destino menos conocido, pero que conserva todo el encanto de un pueblo rural bonaerense. Con sus calles arboladas, la capilla histórica y las viejas casonas, ofrece una experiencia auténtica y sin multitudes.

En los últimos años aparecieron hospedajes boutique y propuestas gastronómicas que complementan la tranquilidad del lugar. Es un buen punto para quienes buscan una escapada relajada y quieren evitar los destinos más concurridos.

Villa Lía también invita a recorrer el entorno natural, hacer caminatas o simplemente sentarse en la plaza central para disfrutar del aire de campo. Es una opción perfecta para quienes valoran el silencio y la calma.

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