CONFLICTO

Artistas argentinos protagonizan un fuerte rechazo a los cambios propuestos en la Ley de Glaciares

Una ola de personalidades del espectáculo, las artes y el pensamiento público salió al cruce del proyecto oficial para reformar la Ley de Glaciares, generando un nuevo foco de tensión social en medio del debate parlamentario que se desarrolló en el Senado de la Nación.

Una ola de personalidades del espectáculo, las artes y el pensamiento público salió al cruce del proyecto oficial para reformar la Ley de Glaciares, generando un nuevo foco de tensión social en medio del debate parlamentario que se desarrolla en el Senado de la Nación.

La iniciativa oficial impulsada por el gobierno plantea modificar el alcance de la norma actual, creada en 2010 para proteger las reservas de agua dulce y restringir actividades extractivas en zonas de glaciares y ambiente periglacial. Los cambios, impulsados con la intención de abrir espacios a proyectos mineros e hidrocarburíferos, provocaron la reacción de múltiples sectores, entre ellos figuras de la cultura que entienden que la reforma representa un retroceso en materia ambiental.

La respuesta del mundo artístico se tradujo en una solicitada y en expresiones publicadas en redes sociales bajo el lema "Los glaciares no se tocan", donde se advierte sobre la importancia del agua como recurso estratégico y su vínculo con la estabilidad del ambiente. Más de una veintena de nombres conocidos se sumaron a esta campaña, entre ellos Ricardo Darín, Lucrecia Martel, Claudia Piñeiro, Mercedes Morán, Eleonora Wexler, Tomás Saraceno y Julieta Díaz, así como intelectuales como Rita Segato y Roberto Gargarella.

La iniciativa no se limitó a firmas: varios artistas compartieron ilustraciones, textos y mensajes que buscan visibilizar el impacto de la reforma sobre los glaciares y el agua dulce. Una de las piezas más difundidas fue una ilustración de Maitena Burunda, replicada por figuras como Erica Rivas y Claudia Piñeiro, que plantea de forma simbólica el derretimiento de los glaciares y las consecuencias de su abandono como reserva natural.

Además de los artistas locales, desde el exterior también resonaron pronunciamientos como el del músico Manu Chao, quien calificó al agua como un bien que "no se negocia" y convocó a acciones colectivas contra la modificación de la norma. Estas voces internacionales acompañan la postura de quienes sostienen que la protección de los glaciares es fundamental no solo para las generaciones actuales, sino también para las futuras, en especial en un contexto global de crisis hídrica.

La participación de estos referentes culturales se suma a un movimiento más amplio que incluye ambientalistas y científicos, algunos de los cuales han advertido públicamente que la reforma podría debilitar las salvaguardias que hoy existen para proteger las reservas de agua dulce. La movilización también se tradujo en protestas en las inmediaciones del Congreso, donde grupos ambientalistas reclamaron enérgicamente contra los cambios que se debaten en la Cámara Alta.

Los artistas argumentan que la ley original fue producto de un consenso social y científico que reconoce el rol estratégico de los glaciares como principales fuentes de agua fresca para varias regiones del país. Su postura sostiene que reducir o reinterpretar esa protección podría abrir la puerta a actividades que ponen en riesgo no solo el ambiente, sino también la disponibilidad de recursos hídricos para comunidades, producción y ecosistemas.

Este rechazo cultural se da en paralelo a la discusión legislativa, y aunque las decisiones finales sobre la normativa corresponden al Poder Legislativo, la presión pública -especialmente cuando incluye figuras de alta visibilidad- puede incidir en la percepción ciudadana y en el pulso político alrededor de una ley que, para muchos, simboliza la defensa de un recurso esencial.

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